martes, 26 de abril de 2011
AY, LAS VACACIONES Y EL "CLEMENTISMO"
sábado, 9 de abril de 2011
COCO ENTRE LAS FLORES
El parque está lleno de flores y Coco va de una a otra correteando y olisqueando entre ellas. La primavera ha brotado en todo su esplendor, he aquí una frase hecha que resume perfectamente lo que ocurre estos días. Mola, renueva energías y proyectos. Ayer, en el cumpleaños de Teresa Ordás, que reunió a un buen ramillete de mujeres estupendas, todas amigas suyas y por eso inteligentes, divertidas y estilosas, se lo contaba a un par de ellas: que hace mucho, no recuerdo quién, me explicó que yo tenía mucha suerte de vivir en un lugar en el que hay diferentes estaciones porque los sitios en los que siempre tienen el mismo clima es más difícil renovarse. Es verdad, para mí el simple hecho de sacar y guardar la ropa del armario hace que me ilusione y tenga una actitud de cambio. Y para comenzar la temporada, harta de verme siempre con la misma media melena, aburrida, seria y formal, me he cortado el pelo. Y a Coco también. La pobre tenía tantos nudos que ya parecían rastas y no había manera de peinarla sin hacerle daño. Como no quería ponerla en manos de la misma peluquera que le hizo el desaguisado el año pasado me fui a otra que me aseguró que no hacía falta raparla. Y allí llegamos las dos unidas por su correa, pero al entrar en la tienda no se cómo demonios lo intuyó que quiso salir corriendo; se iba hacia la puerta y me miraba como diciendo: "vámonos, que no se nos ha perdido nada aquí". Volví un par de horas después y me encontré con una perrita más delgada que nunca, con los ojos más grandes y las orejas más pequeñitas. Diferente. Dicen que cada diez años hay que cambiar de vida, o hay que buscar cosas en la propia vida que le den un giro. Yo no he echado las cuentas porque he tenido tantos cambios que hasta creo que me he enganchado a ellos y ya no se vivir de otra manera.
lunes, 31 de enero de 2011
LA PERRA GATA
jueves, 20 de enero de 2011
COCO EN LA CAMA
Desde el mismo instante en que llegó Coco a casa me juré a mi misma que nunca dormiría en mi cama. Mucha de la gente que conozco duerme con sus animales. Por ejemplo, Isabel Pisano con Lilly, Jesús y María con Lucas, Lola con Lunita, y creo que Chusa deja a Lupita estar con ella. Siempre me ha parecido inconveniente por decirlo de una forma políticamente correcta. Luego con el paso del tiempo y la vida junto a Coco me he dado cuenta de que es una tentación difícil de superar. Yo aún me mantengo en mis trece y ella sabe que conmigo no tiene nada que hacer. Por la noche me ve leer desde su camita, donde sabe que tiene que estar. A veces prefiere dormir en la butaca, eso no me importa. Y por la mañana se acerca a mi lado y alza las patitas para llamarme, pero no sube. Pega el salto, aunque sabe que no debe hacerlo, cuando no estoy en la cama y ahí se instala si no la veo (como en la foto, no pude resistirme, ¡está tan mona!, disparé y luego la eché). Sigo convencida de que no es bueno que duerma en la cama porque entre otras cosas, por ejemplo, yo me muevo muchísimo y me da miedo aplastarla; esa es la segunda razón (la primera, por supuesto, es que no creo que sea higiénico, ¡ea, ya está dicho!). Además leo por ahí que "un perro que ha probado cama se vuelve un perro posesivo" y, sobre todo, que "el líder (esa soy yo) duerme donde quiere y no comparte su lecho". También aconsejan de vez en cuando retirarle su cama, que vea que su dueño maneja su lecho, se lo quita y se lo devuelve, incluso, es bueno sentarse de vez en cuando en él. Esto lo voy a probar hoy. Pero cada vez me muestro menos rígida con los principios inamovibles. En todo. Hasta empiezo a vislumbrar un televisor en el dormitorio, ¡algo que hasta ahora me había prohibido tajantemente! Y la posibilidad de ver la tele acariciando a Coco es muuuuuy tentadora. Aunque dormir, lo que se dice dormir con ella al lado no se si llegaré a hacerlo algún día.
viernes, 7 de enero de 2011
¡BUENA SUERTE!
jueves, 16 de diciembre de 2010
LA CARITA DE COCO
En mala hora hablé de manías. Coco empezó a partir de entonces con una tremenda; si me dejo por la noche la puerta del cuarto de invitados abierta descubro por la mañana que encima del edredón blanco e impoluto me ha dejado un regalito (en realidad quiero decir que se caga, pero me preocupa la reacción de Chusa al leer esto). Una alegría, vamos. Todo esto empezó a raíz de estar pachucha. He reaccionado de todas las maneras posibles: enfadada, gritándole que no, llevándola de la oreja hasta la arena de abajo, castigándola sin mirarla... hasta que he optado por cerrar ese cuarto a cal y canto. Pero en realidad creo que esto no es mas que no querer ver lo que pasa. Me he convencido a mi misma de que Coco es taaaan buena que no acepto que tenga esta manía, que debería hacer caso de lo que escribí el otro día e intentar averiguar lo que le pasa y lo que me pasa. Quizás yo no sea tan buena ama y esté haciendo algo mal con ella.Una de las mayores sorpresas que tengo continuamente en mi relación con Coco es su inexpresividad facial. Sí salta de alegría, mueve su rabito, tuerce la cabecita cuando le hablo, se agacha cuando la regaño... pero su carita, sus ojos y boca, están siempre igual. Y sólo en ese momento es cuando soy consciente de que es una perra. Aún así a veces la miro y remiro intentando averiguar si está triste o sonríe. Vaya usted a saber si mi problema con Coco es precisamente ese, que la trato como a una persona, y de ahí viene todo el lío.
Yo, de momento, me voy a poner en manos de Jorge Pineda, que es quien más sabe de rostros, para que, mirándome él, me ayude a mirarme a mí misma y ver. Voy a conocer en primera persona su método Zen Visage, algo así como el rejuvenecimiento facial sin cirugía, para después poder promocionarlo, porque creo mucho en este sistema, en este hombre y en su madre. Estoy segura de que ella le está cuidando desde allá donde estén las personas que se mueren y estoy absolutamente convencida de que, con su ayuda, va a ser un éxito. Jorge ha desarrollado este sistema a partir de sus propias experiencias en yoga y otras disciplinas orientales y las enseñanzas de su madre como esteticien, que a su vez lo aprendió todo de una maestra japonesa. Yo no la conocí nunca pero siempre estuvo muy presente en la vida de Jorge, incluso ya fallecida. Recuerdo que Javier Esteban me contó que cuando visitaba a Jorge en su casa de Pozuelo, a donde a veces también iba mi primo Polo -yo sólo estuve una vez allí-, presidiendo la habitación había un gran jarrón con las cenizas de su madre. Javier le insistía en que debía sacarla de allí y buscarle algún lugar bonito. Y le convenció. Un día quedaron y Javier fue a buscarle con el coche. Viajaron hasta un monte cercano, y debajo de un maravilloso arbol enterraron sus cenizas. Después Javier le acercó a su casa y se marchó para el aeropuerto, porque volvían de Venecia Nicoletta y las niñas. Y de camino empezó a oir un ruido extraño, clonc, clonc, clonc, cada vez que aceleraba o frenaba. Iba con prisa así que hasta no llegó y aparcó no empezó a buscar el origen del ruido tan molesto. Y lo encontró. Allí estaba la urna que Jorge, con las prisas y el despiste que siempre tiene, había olvidado. Vacía, claro. Pero allí estaba. Y Javier a punto de recoger a su mujer y a sus hijas no sabía qué hacer. Finalmente se acercó a una papelera y la metió como pudo. Pero como siempre nos vigilan, en cuanto él se ajeló de allí se acercaron dos policías, con perro y todo, a ver qué había dejado. "¿Qué hiciste?", le pregunté ansiosa. "Nada, eché a andar sin mirar para atrás, que me llamen si es que he hecho algo mal", me contestó él. Claro, ¿qué hay de malo en eso? Bueno, no se qué diría Jorge. Es mejor que no sepa dónde terminó la urna de su madre.
lunes, 6 de diciembre de 2010
COCO Y SUS MANÍAS
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