sábado, 7 de agosto de 2010

UN DÍA EN ALL4PETS

Ayer llevé a Coco a su veterinaria, Candela. Había que hacerle el preoperatorio para la castración y, de paso, retocar el pelo. ¡Ay, qué experiencia! Candela me sugirió que la dejara allí y la recogiera por la tarde. En un primer momento no supe muy bien qué hacer con mi vida; estar sin Coco me abría infinitas posibilidades, pero a la vez me sentía un poco perdida. Opté por ir de compras, lo se, muy poco original, pero muy práctico.
Un par de horas después me llamó la peluquera para decirme que Coco tenía tantos nudos que irremediablemente había que pelarla. ¡Qué horror!, pensé. Y me acordé de Lola, que quería tanto a Lunita, la bichón maltés de Aurora, hasta que la raparon. En ese momento se dió cuenta de que en realidad ella quería a una bola de pelo blanco y esponjoso y que en cuanto la dejaron en cueros perdió su encanto. Así que, muy ansiosa, me presenté a las 5 en All4Pets. Y mientras yo jugaba con un par de perros grandotes y buenazos que Candela tenía por la tienda llegó Coco corriendo por el pasillo. Al principio ella no me vió y me pareció muy curioso observar a mi perra sin que ella supiera que yo estaba allí; era verla en un mundo nuevo, con otros perros, en otro lugar. Pero cuando oyó mi voz me buscó con la vista y me saltó encima. Tengo que confesar que al verla me dió taquicardia. ¡Mi perrita parecía mas ratita que nunca! Y además de repente era gris. Dios mío, pensé, ¿seré capaz de seguir queriéndola? Pues claro; en cuanto la tuve en brazos y comprobé que ahora es más pequeña, más vulnerable, hasta más blandita.

viernes, 6 de agosto de 2010

ESTEBAN Y COCO

Coco es un maravilloso regalo de Esteban. Cuando me llamó para decirme que ya teníamos perrita entré en pánico porque yo nunca había tenido antes un animal en casa (excepto los hamsters de Ignacio hace ya muchos años), pero él sí, y eso me tranquilizó y animó. Criarla y educarla está siendo toda una aventura. Con todo lo que eso significa para una pareja; es decir, del mundo de dos se pasa al mundo de tres. Exactamente igual que con un hijo. Coco, Esteban y yo somos una familia.
Desde el primer día yo me he ocupado más de su comida, limpieza, rutina, y educación. Me compro libros, los leo, le cuento a Esteban las cosas que me parecen importantes. El en cambio le dedica tiempo a jugar, revolcarla como una croqueta (él la llama Croquet), mimarla, y a veces, mas de las que yo quisiera, excitarla con tanto salto, mordisco, jadeo y ladrido. Las primeras noches fueron horribles; decidimos que dormiría en la cocina y desde que cerrábamos la puerta se ponía a llorar desconsoladamente. Es la única vez que he visto perder los nervios a Esteban; un par de noches bajó a por ella y la encerró en el sótano incapaz de seguir escuchando sus gritos. Lo que son las cosas, a Coco no le gusta mucho bajar por allí. Aguantamos el tirón más o menos, pero en una de esas yo me fui de viaje y la perra se escapó al dormitorio; eso fue al menos lo que me contó Esteban a la vuelta. Desde entonces duerme en nuestro cuarto a los pies de nuestra cama, prefiere el suelo a su cunita, y, eso sí, en silencio sepulcral.

jueves, 5 de agosto de 2010

COCO EN EL PATIO

Coco ya tiene sus rincones preferidos en el patio. Se tira debajo de la mesa, a la sombra y con algo de fresquito, mientras yo me siento a leer o trajino con las plantas. Cuando era mas pequeña exploraba los rincones, metía el hocico por aquí y por allá y hasta eligió un par de sitios para hacer caca y pis, que por supuesto ya no utiliza. Ahora, cuando le da por ser guardiana se coloca cerca de la puerta que da al jardín o en la puerta de casa que da al patio. Allí se sienta y vigila. Cuando pasa alguien suelta un ronquido bajito y de vez en cuando ladra. Ya casi no, porque empieza a conocer los pasos de los vecinos, sabe los que van a la piscina, y reconoce los ruidos, siempre molestos, para qué nos vamos a engañar, de los de al lado: la persiana que sube, raaaaas, la persiana que baja, raaaaas, (siempre me he preguntado por qué cierran a cal y canto la casa cuando se van a dormir y en cambio suben las persianas cuando se van a trabajar).
Estos días hemos tenido visitas profesionales. Antes de ayer los cerrajeros para arreglar la puerta del jardín, a los que recibió con bastante alegría. Miraba y remiraba con nosotros, por dentro, por fuera; una de las veces que nosotros estabamos dentro y ella fuera los propios cerrajeros, muertos de risa, tuvieron que decirle que pasara, que queríamos probar si cerraba. Y entró, claro. Ayer vinieron los que trajeron un nuevo frigorífico y quedaron encantados con ella. Vigiló cómo sacaban el viejo, cómo metían el nuevo, y luego, en la puerta estuvo mirándoles hasta que recogieron todo y se subieron al camión. Uno de ellos se despidió de ella: "adios Coco". Y, tan contenta, se dió la vuelta y se metió en casa.

miércoles, 4 de agosto de 2010

SOCIALIZANDO

Jara es la perrita de Abraham, Isabel, Lola y Celia; es la de la derecha y aunque ha salido un poco acobardada es una falsa impresión (yo creo que el pelo de las orejas le pesa demasiado) porque en realidad ella era la dueña de la casa en Rodalquilar y tenía más amos que Coco, que al fin y al cabo sólo somos Esteban y yo.
Nada más llegar decidimos ir a comer fuera y el plan era que las perras se quedaban solas en casa, "para que se hicieran amigas". Yo no se cómo se las arreglaron mientras estuvimos por ahí pero el caso es que cuando volvimos Coco estaba acurrucada al lado de nuestras bolsas de ropa y Jara campaba a su aire. Amigas, amigas, lo que se dice amigas, yo creo que no lo son. Se miran, se huelen, juguetean algo (sobre todo lo pide Coco que es más jovencilla, tres meses menor) y conviven con tranquilidad. Otro cantar son los perros de la calle y el parque. Todos los días salgo con Coco para dar su paseo. Varios son los objetivos; hacer ejercicio (yo mas que ella), conocer el barrio en el que vive (ella mas que yo), y socializar (sólo ella, porque a mi me espanta). En cuanto divisamos algún perro en el horizonte ya estamos en tensión. Luego viene la fase de acercamiento, que yo facilito consciente de que, como "madre", debo hacer de introductora de amiguitos, el olisqueo, y, finalmente, el interés o la indiferencia. A veces acuden varios perros al tiempo y Coco entra en pánico con algunos, da vueltas a mi alrededor, grita bajito (no ladra, yo creo que no tiene ni fuerzas) y me pide brazos. No me parece mal. Porque a mi tampoco me gusta nada eso de tener que hacer amigos por hacerlos; creo que no hay ninguna necesidad.

martes, 3 de agosto de 2010

LAS VACACIONES DE COCO



Estas han sido las primeras vacaciones de Coco. Viaje de 6 horas en coche, cambio de casa, sitio nuevo para hacer caca y pis, para comer, diferentes horarios... y mucha gente alrededor. Continuamente, mayores y pequeños. Yo creo que ha vuelto mas delgada y desde luego más sucia, de hecho ha traido consigo una pandilla de pulgas que ya he conseguido eliminar.
Las vacaciones provocan crisis de pareja, dicen, y el mio no ha sido un caso diferente. Yo me he pasado todos los días intentando que el cambio de ambiente no le resultara a Coco muy traumático, procurando hacer todo poco a poco, buscándole rincones confortables, paseándola todas las mañanas y las noches por muy tarde que fuera; Esteban es de los que prefiere tirarla al mar (¡Dios mío!, a una perrita urbana), rebozarla en arena, y decir que la deje ser "feliz". ¡¿Feliz mojada, temblando, con arena hasta en los ojos, nudos en el pelo y pulgas?! Tengo mis dudas y la prueba es que al entrar por la puerta de casa daba saltos de alegría, fue corriendo hasta su rincón, hasta sus juguetes, al patio, subió y bajó las escaleras varias veces, recorrió cada esquina, y, no me lo invento, la oí suspirar. A mi me pasó exactamente lo mismo.

martes, 20 de julio de 2010

LOS CONSEJOS DE CHUSA

Lo mejor de Coco es lo sociable que es y lo contenta que se pone cada vez que estamos con amigos. Chusa es especial y ella lo sabe (digo que la propia Chusa sabe que es especial, y que, claro, Coco también).
Desde que la conoció se ha vuelto loquita por Coco y eso que, como dice ella, es mas de gatos. Primero Benito y ahora Lupita. Le quiso hacer un regalo especial y ya le ha encargado una plaquita con su nombre y mi teléfono por si se perdiera alguna vez (qué horror, sólo de pensarlo me pongo mala). Pero lo mejor de todo es el consejo que me dió Chusa el otro día en Rosales al ver lo feliz que estoy con mi perrita: "Mari, que muy bien verte así, pero que los perros son perros, o sea, que mañana tienen otro dueño y tan contentos, ¿sabes? que ni se acuerda de ti". No estoy segura de si hablaba de perros o de hombres.

viernes, 16 de julio de 2010

EDUCANDO A COCO

Todo el día me lo paso enseñando a Coco. Y debo decir que este esfuerzo tiene su recompensa.
Aprendió en seguida el significado del "no". Pero sobre todo nos encargamos de festejar todo lo que hace bien. Con grititos de euforia, muchos "sí, sí" y "muy bien" que ella agradece dando saltitos y moviendo su rabito a toda velocidad. A punto ya de cumplir 5 meses hace caca y pis fuera de casa o en la cocina, en la caja con tierra de gato (nunca viene mal un poco de confusión de personalidad, a mi me parece que abre al mundo). Ya sabe que se tiene que quedar sentada o tumbada mientras nosotros comemos. Y ahora intento que no se cruce por delante de mí cuando andamos por la calle. El manual que guía nuestras vidas me dice que debo andar con energía, paso firme, y mirada al frente. Que buscar sus ojos le puede llevar a creer que ella es la que tiene que liderar y hacer que se sienta perdida. Bueno, ahí andamos, tirando de la correa para que ande a mi paso y no nos enredemos con las farolas. Me encanta cuando reconoce lugares. Incluidos aquellos en los que hay un perro que ladra detrás de la puerta; aprieta el paso y mete el turbo mirándome de reojo, sin perder ni un segundo, como diciendo "anda, vamos, vamos".