domingo, 10 de julio de 2011

COCO A MIS PIES

Me gusta mucho esta foto que me hizo Lola Garrido un día que salimos de paseo con Coco. En realidad Coco está siempre cerca de mis pies. Y si la mirada es importante en la relación con un perro, los pies quizá lo sean más. No sólo porque siempre anda enredando entre ellos, que cualquier día me voy a pegar un guarrazo (ya me caí el otro día pero fue culpa mía, de las sandalias flip flop que se me engancharon en un escalón; la pobre Coco se pegó un susto de muerte al verme tirada en el suelo). Coco sabe perfectamente lo que vamos a hacer dependiendo de los zapatos que me pongo. Si elijo los crocs amarillos o las flip flop (aunque a partir de ahora quedan prohibidas) sabe que salímos al jardín o nos vamos de paseo. Si me pongo otros, cualquiera, ya tiene dudas, y entonces me mira desde una cierta distancia como preguntando. Desde luego si escojo taconazos ni se molesta en cruzar sus ojos con los míos; sabe que me largo sola. Y por cierto, con mala conciencia. No se cómo voy a ser capaz de vivir así. El otro día le pregunté a Ana García Siñeriz, que andaba dándole vueltas a con quién dejar a sus dos perros mientras estaba de viaje, y me contestó: "¿cómo me preguntas eso? tu misma me dijiste cuando te lo pregunté yo sobre mis hijos: acostumbrate a vivir ya para siempre con mala conciencia". Ay, se me había olvidado.

miércoles, 15 de junio de 2011

YA LO SABE

Ya lo ha pillado. Es que es muy lista. Coco sabe perfectamente cuando me voy a ir de casa sin ella. Y se pone así, enfurruñada, sin mirarme por más piropos que le lanzo, ni me hace caso cuando le ofrezco un premio para que se quede entretenida. Antes, cada vez que le daba una galleta, o aquellas barritas de bacon que tanto le gustaban pero que tan mal le sentaban porque la pobrecita vomitaba después, pegaba unos saltos que inlcuso algunas veces ha rebotado en el suelo. Y aún lo hace, pero si sabe que me voy, no. ¿Que como lo sabe? Es un misterio. Porque el ritual es siempre muy parecido. Me ducho, me visto, me vigila desde la cama o el suelo, huele mi colonia y me sigue hasta el salón moviendo el rabito, muy contenta. Preparo el bolso y cojo las gafas de sol. La miro exactamente igual que si fuéramos a salir juntas, pero entonces descubre algo, se sube al sofa y me mira con cara de pena, bueno, a mi me lo parece. Entonces la jaleo y le digo cosas como "mi perrita bonita se queda aquí cuidando la casa", pero baja la mirada como en la foto. Y claro, yo me voy con el corazón "encogío".

martes, 26 de abril de 2011

AY, LAS VACACIONES Y EL "CLEMENTISMO"

Me parece que Coco ya está recuperada de las vacaciones de Semana Santa. Hemos pasado varios días en Almería, fantásticos, y ha sido un no parar. Aquí está subida al poyete de la inmensa terraza de la casa de Juan Morales y Laura en Castell del Rey. Ha habido algún día que hemos cambiado de localización cada dos horas, que se dice pronto. La pobre Coco no encontraba momento para dormir. Recuerdo un día que la cogí en brazos y se me quedó frita al instante, pobrecita. De todas formas he de decir que estas vacaciones han sido estupendas en el sentido de que no he padecido de "clementismo". Para los que no sepan lo que es diré que el término, que procede de unas fiestas de San Clemente no recuerdo muy bien de dónde, lo acuñaron mi primo Polo y Félix Leiro, creo. Y la cosa consiste nada menos que en querer huir a toda costa del sitio en el que se está. Profundizando más en el tema, el otro día en Camorritos con Esteban, Abraham e Isabel, hemos llegado a la conclusión de que padecen más de "clementismo" los que no tienen coche, de hecho el orígen fue ese, querer irse de un sitio y no saber cómo. Ampliado el término, llega hasta el caso de querer irse por estar hasta las narices. En esta ocasión a mi no me ha pasado pero le ha ocurrido a otros, por ejemplo a Miqui, María José y Arturito, que huyeron anticipadamente de la casa de María José, Pedro y Leo en El Toyo y yo, que lo he padecido en carnes y me he fustigado y sentido culpable por escapar en alguna ocasión, tengo que decir que, visto desde fuera, produce mucha ternura.

sábado, 9 de abril de 2011

COCO ENTRE LAS FLORES

El parque está lleno de flores y Coco va de una a otra correteando y olisqueando entre ellas. La primavera ha brotado en todo su esplendor, he aquí una frase hecha que resume perfectamente lo que ocurre estos días. Mola, renueva energías y proyectos. Ayer, en el cumpleaños de Teresa Ordás, que reunió a un buen ramillete de mujeres estupendas, todas amigas suyas y por eso inteligentes, divertidas y estilosas, se lo contaba a un par de ellas: que hace mucho, no recuerdo quién, me explicó que yo tenía mucha suerte de vivir en un lugar en el que hay diferentes estaciones porque los sitios en los que siempre tienen el mismo clima es más difícil renovarse. Es verdad, para mí el simple hecho de sacar y guardar la ropa del armario hace que me ilusione y tenga una actitud de cambio. Y para comenzar la temporada, harta de verme siempre con la misma media melena, aburrida, seria y formal, me he cortado el pelo. Y a Coco también. La pobre tenía tantos nudos que ya parecían rastas y no había manera de peinarla sin hacerle daño. Como no quería ponerla en manos de la misma peluquera que le hizo el desaguisado el año pasado me fui a otra que me aseguró que no hacía falta raparla. Y allí llegamos las dos unidas por su correa, pero al entrar en la tienda no se cómo demonios lo intuyó que quiso salir corriendo; se iba hacia la puerta y me miraba como diciendo: "vámonos, que no se nos ha perdido nada aquí". Volví un par de horas después y me encontré con una perrita más delgada que nunca, con los ojos más grandes y las orejas más pequeñitas. Diferente. Dicen que cada diez años hay que cambiar de vida, o hay que buscar cosas en la propia vida que le den un giro. Yo no he echado las cuentas porque he tenido tantos cambios que hasta creo que me he enganchado a ellos y ya no se vivir de otra manera.

lunes, 31 de enero de 2011

LA PERRA GATA

Es curioso, pero cada día que pasa Coco parece más una gata que una perra. Bueno, excepto cuando vamos de paseo y ve a lo lejos a un gato, que el instinto le brota de repente y sale disparada hacia él sin mirar ni por dónde va. El otro día, al volver de nuestro paseo le solté la correa, como siempre, al principio de la calle y le dije: "a casita Coco", y salió corriendo hacia casa, pero apareció un gato que estaba escondido debajo de un coche, que salió huyendo despavorido, claro, en dirección contraria, y allá que se fue tras él como alma que lleva el diablo. Me pegué un susto de muerte, estuve llamándola un rato y cuando iba a rendirme volvió a mi lado con el rabo entre las piernas, cabizbaja, para tumbarse a mis piés, como pidiendo perdon. Bueno, pues excepto en estos casos, llamemosles de exterior, Coco en casa parece una gata. Tiene su tierra de gato donde hace caca y pis. Su manía de estar dormida sobre mis piernas mientras trabajo en el ordenador, o sea, casi todo el día. Y ultimamente le ha dado por instalarse en un cojín del sofá mirando al patio a ver pasar pajaritos (¿es que no parece una gata en esta foto?). Yo creo que Coco es una perra "líquida" y de la misma manera que hay una sociedad líquida, y un amor líquido, muy bien explicados por Zygmunt Bauman, los perros son gatos a veces. Lo que no se es si los gatos son perros de vez en cuando. Le preguntaré a Chusa.

jueves, 20 de enero de 2011

COCO EN LA CAMA

Desde el mismo instante en que llegó Coco a casa me juré a mi misma que nunca dormiría en mi cama. Mucha de la gente que conozco duerme con sus animales. Por ejemplo, Isabel Pisano con Lilly, Jesús y María con Lucas, Lola con Lunita, y creo que Chusa deja a Lupita estar con ella. Siempre me ha parecido inconveniente por decirlo de una forma políticamente correcta. Luego con el paso del tiempo y la vida junto a Coco me he dado cuenta de que es una tentación difícil de superar. Yo aún me mantengo en mis trece y ella sabe que conmigo no tiene nada que hacer. Por la noche me ve leer desde su camita, donde sabe que tiene que estar. A veces prefiere dormir en la butaca, eso no me importa. Y por la mañana se acerca a mi lado y alza las patitas para llamarme, pero no sube. Pega el salto, aunque sabe que no debe hacerlo, cuando no estoy en la cama y ahí se instala si no la veo (como en la foto, no pude resistirme, ¡está tan mona!, disparé y luego la eché). Sigo convencida de que no es bueno que duerma en la cama porque entre otras cosas, por ejemplo, yo me muevo muchísimo y me da miedo aplastarla; esa es la segunda razón (la primera, por supuesto, es que no creo que sea higiénico, ¡ea, ya está dicho!). Además leo por ahí que "un perro que ha probado cama se vuelve un perro posesivo" y, sobre todo, que "el líder (esa soy yo) duerme donde quiere y no comparte su lecho". También aconsejan de vez en cuando retirarle su cama, que vea que su dueño maneja su lecho, se lo quita y se lo devuelve, incluso, es bueno sentarse de vez en cuando en él. Esto lo voy a probar hoy. Pero cada vez me muestro menos rígida con los principios inamovibles. En todo. Hasta empiezo a vislumbrar un televisor en el dormitorio, ¡algo que hasta ahora me había prohibido tajantemente! Y la posibilidad de ver la tele acariciando a Coco es muuuuuy tentadora. Aunque dormir, lo que se dice dormir con ella al lado no se si llegaré a hacerlo algún día.

viernes, 7 de enero de 2011

¡BUENA SUERTE!

Hoy a la vuelta del paseo con Coco he notado un terrible olor a caca (lo siento Chusa, por mas que lo intento la vida con una perrita es así de escatológica). En seguida he pensado que la pobrecita andaba otra vez con diarrea, pero no. La he inspeccionado una y otra vez, y nada, ella no era, pero el terrible olor inundaba la casa allá donde fuera. Finalmente la he bañado y ha sido al sacarla del agua cuando he visto rastros de mierda aplastada en la alfombrilla, ¿quéeeee?, sí en la alfombrilla del baño, ¡y en la suela de mi bota! ¡Era yo la que apestaba! Me he quitado la bota y la he limpiado a conciencia. He recogido la alfombrilla y la he metido en la lavadora. Y he vuelto sobre mis pasos para ver dónde había dejado huellas, pero curiosamente no había nada. Uff, ya está, menos mal, se acabó el mal olor. Y de repente he pensado que lo que había pasado es que ¡había pisado una mierda!. ¿No dicen que esto trae buena suerte? Lo he comentado con Adriana, con la que he comido, y conversado sobre mis últimas angustias, y me ha dicho que sí, absolutamente sí, que ella, el primer día que llegó a su casa nueva, en la calle Orfila, pisó una al pasear a Mía. "Y me dió muy buena suerte", me ha dicho. Bueno, eso espero, que me la de también a mi, aunque en un primer momento haya pensado que había sido mala pata. En realidad la buena suerte está en la cabeza de uno mismo. Pero el hecho de haber pisado esta mierda me ha dado más fuerza para afrontar todo lo que viene y a pesar de que el momento no parece bueno tengo la sensación de que empieza un nuevo ciclo y de que van a pasar cosas estupendas. Yo, al menos, las voy buscando.