Me gusta mucho esta foto que me hizo Lola Garrido un día que salimos de paseo con Coco. En realidad Coco está siempre cerca de mis pies. Y si la mirada es importante en la relación con un perro, los pies quizá lo sean más. No sólo porque siempre anda enredando entre ellos, que cualquier día me voy a pegar un guarrazo (ya me caí el otro día pero fue culpa mía, de las sandalias flip flop que se me engancharon en un escalón; la pobre Coco se pegó un susto de muerte al verme tirada en el suelo). Coco sabe perfectamente lo que vamos a hacer dependiendo de los zapatos que me pongo. Si elijo los crocs amarillos o las flip flop (aunque a partir de ahora quedan prohibidas) sabe que salímos al jardín o nos vamos de paseo. Si me pongo otros, cualquiera, ya tiene dudas, y entonces me mira desde una cierta distancia como preguntando. Desde luego si escojo taconazos ni se molesta en cruzar sus ojos con los míos; sabe que me largo sola. Y por cierto, con mala conciencia. No se cómo voy a ser capaz de vivir así. El otro día le pregunté a Ana García Siñeriz, que andaba dándole vueltas a con quién dejar a sus dos perros mientras estaba de viaje, y me contestó: "¿cómo me preguntas eso? tu misma me dijiste cuando te lo pregunté yo sobre mis hijos: acostumbrate a vivir ya para siempre con mala conciencia". Ay, se me había olvidado.
domingo, 10 de julio de 2011
COCO A MIS PIES
Me gusta mucho esta foto que me hizo Lola Garrido un día que salimos de paseo con Coco. En realidad Coco está siempre cerca de mis pies. Y si la mirada es importante en la relación con un perro, los pies quizá lo sean más. No sólo porque siempre anda enredando entre ellos, que cualquier día me voy a pegar un guarrazo (ya me caí el otro día pero fue culpa mía, de las sandalias flip flop que se me engancharon en un escalón; la pobre Coco se pegó un susto de muerte al verme tirada en el suelo). Coco sabe perfectamente lo que vamos a hacer dependiendo de los zapatos que me pongo. Si elijo los crocs amarillos o las flip flop (aunque a partir de ahora quedan prohibidas) sabe que salímos al jardín o nos vamos de paseo. Si me pongo otros, cualquiera, ya tiene dudas, y entonces me mira desde una cierta distancia como preguntando. Desde luego si escojo taconazos ni se molesta en cruzar sus ojos con los míos; sabe que me largo sola. Y por cierto, con mala conciencia. No se cómo voy a ser capaz de vivir así. El otro día le pregunté a Ana García Siñeriz, que andaba dándole vueltas a con quién dejar a sus dos perros mientras estaba de viaje, y me contestó: "¿cómo me preguntas eso? tu misma me dijiste cuando te lo pregunté yo sobre mis hijos: acostumbrate a vivir ya para siempre con mala conciencia". Ay, se me había olvidado.
miércoles, 15 de junio de 2011
YA LO SABE
martes, 26 de abril de 2011
AY, LAS VACACIONES Y EL "CLEMENTISMO"
sábado, 9 de abril de 2011
COCO ENTRE LAS FLORES
El parque está lleno de flores y Coco va de una a otra correteando y olisqueando entre ellas. La primavera ha brotado en todo su esplendor, he aquí una frase hecha que resume perfectamente lo que ocurre estos días. Mola, renueva energías y proyectos. Ayer, en el cumpleaños de Teresa Ordás, que reunió a un buen ramillete de mujeres estupendas, todas amigas suyas y por eso inteligentes, divertidas y estilosas, se lo contaba a un par de ellas: que hace mucho, no recuerdo quién, me explicó que yo tenía mucha suerte de vivir en un lugar en el que hay diferentes estaciones porque los sitios en los que siempre tienen el mismo clima es más difícil renovarse. Es verdad, para mí el simple hecho de sacar y guardar la ropa del armario hace que me ilusione y tenga una actitud de cambio. Y para comenzar la temporada, harta de verme siempre con la misma media melena, aburrida, seria y formal, me he cortado el pelo. Y a Coco también. La pobre tenía tantos nudos que ya parecían rastas y no había manera de peinarla sin hacerle daño. Como no quería ponerla en manos de la misma peluquera que le hizo el desaguisado el año pasado me fui a otra que me aseguró que no hacía falta raparla. Y allí llegamos las dos unidas por su correa, pero al entrar en la tienda no se cómo demonios lo intuyó que quiso salir corriendo; se iba hacia la puerta y me miraba como diciendo: "vámonos, que no se nos ha perdido nada aquí". Volví un par de horas después y me encontré con una perrita más delgada que nunca, con los ojos más grandes y las orejas más pequeñitas. Diferente. Dicen que cada diez años hay que cambiar de vida, o hay que buscar cosas en la propia vida que le den un giro. Yo no he echado las cuentas porque he tenido tantos cambios que hasta creo que me he enganchado a ellos y ya no se vivir de otra manera.
lunes, 31 de enero de 2011
LA PERRA GATA
jueves, 20 de enero de 2011
COCO EN LA CAMA
Desde el mismo instante en que llegó Coco a casa me juré a mi misma que nunca dormiría en mi cama. Mucha de la gente que conozco duerme con sus animales. Por ejemplo, Isabel Pisano con Lilly, Jesús y María con Lucas, Lola con Lunita, y creo que Chusa deja a Lupita estar con ella. Siempre me ha parecido inconveniente por decirlo de una forma políticamente correcta. Luego con el paso del tiempo y la vida junto a Coco me he dado cuenta de que es una tentación difícil de superar. Yo aún me mantengo en mis trece y ella sabe que conmigo no tiene nada que hacer. Por la noche me ve leer desde su camita, donde sabe que tiene que estar. A veces prefiere dormir en la butaca, eso no me importa. Y por la mañana se acerca a mi lado y alza las patitas para llamarme, pero no sube. Pega el salto, aunque sabe que no debe hacerlo, cuando no estoy en la cama y ahí se instala si no la veo (como en la foto, no pude resistirme, ¡está tan mona!, disparé y luego la eché). Sigo convencida de que no es bueno que duerma en la cama porque entre otras cosas, por ejemplo, yo me muevo muchísimo y me da miedo aplastarla; esa es la segunda razón (la primera, por supuesto, es que no creo que sea higiénico, ¡ea, ya está dicho!). Además leo por ahí que "un perro que ha probado cama se vuelve un perro posesivo" y, sobre todo, que "el líder (esa soy yo) duerme donde quiere y no comparte su lecho". También aconsejan de vez en cuando retirarle su cama, que vea que su dueño maneja su lecho, se lo quita y se lo devuelve, incluso, es bueno sentarse de vez en cuando en él. Esto lo voy a probar hoy. Pero cada vez me muestro menos rígida con los principios inamovibles. En todo. Hasta empiezo a vislumbrar un televisor en el dormitorio, ¡algo que hasta ahora me había prohibido tajantemente! Y la posibilidad de ver la tele acariciando a Coco es muuuuuy tentadora. Aunque dormir, lo que se dice dormir con ella al lado no se si llegaré a hacerlo algún día.
viernes, 7 de enero de 2011
¡BUENA SUERTE!
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