viernes, 7 de enero de 2011

¡BUENA SUERTE!

Hoy a la vuelta del paseo con Coco he notado un terrible olor a caca (lo siento Chusa, por mas que lo intento la vida con una perrita es así de escatológica). En seguida he pensado que la pobrecita andaba otra vez con diarrea, pero no. La he inspeccionado una y otra vez, y nada, ella no era, pero el terrible olor inundaba la casa allá donde fuera. Finalmente la he bañado y ha sido al sacarla del agua cuando he visto rastros de mierda aplastada en la alfombrilla, ¿quéeeee?, sí en la alfombrilla del baño, ¡y en la suela de mi bota! ¡Era yo la que apestaba! Me he quitado la bota y la he limpiado a conciencia. He recogido la alfombrilla y la he metido en la lavadora. Y he vuelto sobre mis pasos para ver dónde había dejado huellas, pero curiosamente no había nada. Uff, ya está, menos mal, se acabó el mal olor. Y de repente he pensado que lo que había pasado es que ¡había pisado una mierda!. ¿No dicen que esto trae buena suerte? Lo he comentado con Adriana, con la que he comido, y conversado sobre mis últimas angustias, y me ha dicho que sí, absolutamente sí, que ella, el primer día que llegó a su casa nueva, en la calle Orfila, pisó una al pasear a Mía. "Y me dió muy buena suerte", me ha dicho. Bueno, eso espero, que me la de también a mi, aunque en un primer momento haya pensado que había sido mala pata. En realidad la buena suerte está en la cabeza de uno mismo. Pero el hecho de haber pisado esta mierda me ha dado más fuerza para afrontar todo lo que viene y a pesar de que el momento no parece bueno tengo la sensación de que empieza un nuevo ciclo y de que van a pasar cosas estupendas. Yo, al menos, las voy buscando.

jueves, 16 de diciembre de 2010

LA CARITA DE COCO

En mala hora hablé de manías. Coco empezó a partir de entonces con una tremenda; si me dejo por la noche la puerta del cuarto de invitados abierta descubro por la mañana que encima del edredón blanco e impoluto me ha dejado un regalito (en realidad quiero decir que se caga, pero me preocupa la reacción de Chusa al leer esto). Una alegría, vamos. Todo esto empezó a raíz de estar pachucha. He reaccionado de todas las maneras posibles: enfadada, gritándole que no, llevándola de la oreja hasta la arena de abajo, castigándola sin mirarla... hasta que he optado por cerrar ese cuarto a cal y canto. Pero en realidad creo que esto no es mas que no querer ver lo que pasa. Me he convencido a mi misma de que Coco es taaaan buena que no acepto que tenga esta manía, que debería hacer caso de lo que escribí el otro día e intentar averiguar lo que le pasa y lo que me pasa. Quizás yo no sea tan buena ama y esté haciendo algo mal con ella.
Una de las mayores sorpresas que tengo continuamente en mi relación con Coco es su inexpresividad facial. Sí salta de alegría, mueve su rabito, tuerce la cabecita cuando le hablo, se agacha cuando la regaño... pero su carita, sus ojos y boca, están siempre igual. Y sólo en ese momento es cuando soy consciente de que es una perra. Aún así a veces la miro y remiro intentando averiguar si está triste o sonríe. Vaya usted a saber si mi problema con Coco es precisamente ese, que la trato como a una persona, y de ahí viene todo el lío.
Yo, de momento, me voy a poner en manos de Jorge Pineda, que es quien más sabe de rostros, para que, mirándome él, me ayude a mirarme a mí misma y ver. Voy a conocer en primera persona su método Zen Visage, algo así como el rejuvenecimiento facial sin cirugía, para después poder promocionarlo, porque creo mucho en este sistema, en este hombre y en su madre. Estoy segura de que ella le está cuidando desde allá donde estén las personas que se mueren y estoy absolutamente convencida de que, con su ayuda, va a ser un éxito. Jorge ha desarrollado este sistema a partir de sus propias experiencias en yoga y otras disciplinas orientales y las enseñanzas de su madre como esteticien, que a su vez lo aprendió todo de una maestra japonesa. Yo no la conocí nunca pero siempre estuvo muy presente en la vida de Jorge, incluso ya fallecida. Recuerdo que Javier Esteban me contó que cuando visitaba a Jorge en su casa de Pozuelo, a donde a veces también iba mi primo Polo -yo sólo estuve una vez allí-, presidiendo la habitación había un gran jarrón con las cenizas de su madre. Javier le insistía en que debía sacarla de allí y buscarle algún lugar bonito. Y le convenció. Un día quedaron y Javier fue a buscarle con el coche. Viajaron hasta un monte cercano, y debajo de un maravilloso arbol enterraron sus cenizas. Después Javier le acercó a su casa y se marchó para el aeropuerto, porque volvían de Venecia Nicoletta y las niñas. Y de camino empezó a oir un ruido extraño, clonc, clonc, clonc, cada vez que aceleraba o frenaba. Iba con prisa así que hasta no llegó y aparcó no empezó a buscar el origen del ruido tan molesto. Y lo encontró. Allí estaba la urna que Jorge, con las prisas y el despiste que siempre tiene, había olvidado. Vacía, claro. Pero allí estaba. Y Javier a punto de recoger a su mujer y a sus hijas no sabía qué hacer. Finalmente se acercó a una papelera y la metió como pudo. Pero como siempre nos vigilan, en cuanto él se ajeló de allí se acercaron dos policías, con perro y todo, a ver qué había dejado. "¿Qué hiciste?", le pregunté ansiosa. "Nada, eché a andar sin mirar para atrás, que me llamen si es que he hecho algo mal", me contestó él. Claro, ¿qué hay de malo en eso? Bueno, no se qué diría Jorge. Es mejor que no sepa dónde terminó la urna de su madre.

lunes, 6 de diciembre de 2010

COCO Y SUS MANÍAS


Ya sabemos que la prensa en papel está acabada (o al menos en franca decadencia y la prueba de ello es que El País ha decidido publicar sus papeles de Wikileaks antes en la edición digital, toda una declaración de intenciones de futuro me parece a mí) pero no me puedo resisitir, aún, a comprarla y leerla los sábados y los domingos. A Coco también le gusta, pero por otras razones, como se ve en la foto. Le encanta arrancar pedacitos y hacerlos cada vez más pequeñitos. Es una manía. Y tiene unas cuantas más. Leo que con la domesticación los perros han ido adquiriendo costumbres "humanas", léase manías, y aunque muchas nos saquen de quicio lo importante es saber descifrarlas, entender lo que nos quieren transmitir con ellas. A Coco le encanta robar calcetines y bragas, golpear contra el suelo zapatillas, morder los bordes de los zapatos, comer poco a poco, yendo y viniendo de la cocina al salón, cogiendo cada vez un par de piececitas de pienso y llevándolas hasta el salón donde las muerde y traga y vuelta a la cocina otra vez, acurrucarse y dormir en mis piernas mientras escribo en el ordenador o veo la tele, sentarse en la butaca de orejas y mirar al jardín, y pasarse horas buscando un escondite para un hueso de cartílago que tiene, no se si todavía es el que le regaló Sol, y que periódicamente aparece aquí y allá. Esto y hacer hoyos es una conducta instintiva difícil de evitar porque va en su naturaleza. Lo más gracioso es que esconde las cosas sólo a medias (es alucinante ver cómo empuja con la cabeza como si moviera tierra para tapar el objeto). El otro día vi debajo de un cojín del sofá las patitas de la gallina de plástico, la imágen era genial, y normalmente el hueso también está siempre a medio esconder aunque estos días ha desaparecido del mapa; estará debajo de algún mueble. Al parecer esto lo hace simplemente para llamar la atención y que juguemos con ella. En fin, nada complicado ni preocupante como este caso que rescato de un consultorio veterinario: "Tengo un spaniel bretón de 2 años de edad. Ultimamente no para de olernos las orejas a toda la familia. ¿Por qué hace este gesto? Gracias. Silvia. Estimada Silvia: Los perros tienen a veces manías como nosotros pero el caso de oler las orejas no lo había oído jamás. Siento no poder aconsejarla. Saludos cordiales". Ja, ja, ja, ante todo sinceridad.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

DE PERROS QUE SABEN VOLVER A CASA

Mis padres vienen a casa para visitar a Coco. Esto es una evidencia que no se molestan en ocultar. Hace unos días, cuando Coco estuvo pachuca, mi madre me avisó por teléfono: "vamos, pero a ver a Coco". Por su parte Coco da saltos de alegría y se vuelve loca cuando me oye decir: "¡que vienen los abuelos!". Todo resulta muy curioso porque a mi madre le daba -yo creo que aún le da- un poco de miedo la perrita. Sus saltos y mordisqueos la ponen muy nerviosa: cree que le va a morder. Pero está todo el rato pendiente de ella y habla de Coco como si fuera una nieta. Mi madre nunca jamás tuvo perro, ni gato, ni ninguna otra mascota. Mi padre sí. Y desde que mis hermanas y yo eramos pequeñas conocemos la curiosa historia de su perro, un pastor alemán que vivía con ellos en la colonia del Retiro y que consiguió volver a su casa desde Navacerrada. Hace poco, comentando esta anécdota, averigüé mas cosas; al parecer resultaba complicado lo de dar de comer al perro, estaban en plena guerra civil, así que decidieron regalarlo a un conocido que se lo llevó a Navacerrada. "¿Por qué, vivía allí?" pregunté; "no, iba al frente y se lo quiso llevar" contestó mi padre. Hombre, ahora lo entiendo todo, claro, el pobre perro cuando vió el panorama se dió la vuelta sin pensárselo, echó a andar y no paró hasta llegar a la calle Averroes.
¿Pero cómo es posible que un perro pueda volver a un lugar que está a mas de 50 kilómetros sin haber hecho el camino previamente mas que una sola vez y no andando por cierto? Desde hace muchos años se hacen experimentos para intentar averiguar qué es lo que les hace volver; no parece que sea el olfato, ya que por lo general se encuentran en algún lugar desconocido y no saben la ruta de vuelta. Muchos científicos coinciden en que podría ser el sentido de la orientación, pero no deja de ser sorprendente cada vez que se da algún caso. Lo lógico es que un perro tenga un radio de acción -más grande en el caso de los machos que en el de las hembras-, que es donde transcurre su vida, y cuyo diámetro sería una imaginaria banda elástica (de bandas elásticas también saben las personas y si no que se lo pregunten a Fernando, a María José y a Pedro, ¡cuánto nos reímos cada vez que planeamos algo más allá de los límites del barrio de Argüelles, qué pereza les da!). Este diámetro es elástico porque puede ir creciendo a medida que va conociendo más territorio y ampliando ese área. El radio de acción de Coco es el que hemos hecho juntas con nuestros paseos. Conoce el camino perfectamente y sabe cuándo estamos de vuelta, de hecho ella va por delante dirigiéndome. O eso quiero creer. En algunos de los parques por los que pasamos la suelto y aunque se para aquí y allá a olisquear y yo me adelanto bastante siempre se mantiene a una distancia prudencial y vuelve hasta mí con una carrerita, el pelo al viento y carita de velocidad. A veces, con pánico, imagino que se me despista, que se pierde, que anda y anda por mil sitios sin encontrar el camino de casa, ¡qué angustia!
Otro cantar son los perros que intuyen que sus amos están volviendo a casa. Son historias bastante increíbles, pero que ocurren, y que se cuentan en el libro de Ruphert Sheldrake titulado De perros que saben que sus amos estan camino de casa y otras facultades inexplicadas de los animales. Yo no se si Coco sabe cuándo volvemos. Sí se que en cuanto abro la puerta oigo sus uñitas golpeteando en el suelo y se lanza escaleras abajo (siempre está arriba cuando llego a casa, supongo que durmiendo en su cunita) a recibirme. El otro día Esteban me propuso colocar una cámara y grabar lo que hace la perra cuando se queda sola, pero yo no se si esto es invadir su intimidad...

viernes, 19 de noviembre de 2010

CRÍTICAS PARA MEJORAR

Coco está como asustada en esta foto que le hizo Ignacio con su iphone. Pero no, simplemente está pensando, igual que yo, en las críticas que hemos recibido a propósito de la última entrada: "Pachucha". Me dice Chusa que ya sólo falta que hable de que se tira un pedo. Y tiene razón. Vivimos tan encerradas en nuestro mundo que he llegado a creer que lo que a mi me preocupa, la consistencia de la caca de Coco, es un tema que puede interesar a los demás. Y rodeada de buenos amigos a los que les guían las mejores intenciones, que quizá se sienten obligados a comentar mi blog mas por cariño que por propio interés, me he creído que era un tema trascendental en nuestras vidas. Hasta que ha llegado el abogado del diablo para abrirme los ojos. ¡Y qué importante es! Un tipo muy interesante que se llamaba Irving L. Janis (1918-1990) y que estudió a fondo los equipos de trabajo y los peligros de la toma de decisiones en grupo profundizó sobre la figura del abogado del diablo, imprescindible en cualquier grupo que aspire a trabajar con éxito, cuya misión es la de criticar las propuestas y decisiones de sus miembros y en especial las del líder. John F. Kennedy, que era un tipo bastante listo, se guiaba por estos consejos y los puso en práctica nombrando a su hermano Robert su particular abogado. El papel es difícil, porque se trata de cuestionarlo todo y evidentemente supone un desgaste muy grande. Sólo puede hacerlo alguien con mucha fortaleza para alguien con mucha sabiduría. Dicen por ahí que Zapatero le pidió a un primo suyo de León que hiciera este papel ("ah, qué bien", dije cuando me lo contaron), pero que pasado un tiempo se hartó y dejó de cogerle el teléfono ("ah, ya me parecía", lamenté). A mi, por ejemplo, me gusta mucho pensar que una seguidora tan fiel y exigente como es Chusa desea mucho más de este blog que el simple dato de si Coco ha hecho caca o no; me gusta sentir esta presión, me obliga a pensar mucho más las entradas, investigar y contar cosas porque nada me estimula más que aprender y enseñar. Coco y yo agradecemos profundamente esta crítica constructiva porque tenemos ganas de dar lo mejor de nosotras mismas. Esperamos no defraudar.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

PACHUCHA

Llevaba Coco unos días apagadita y sueltecita, como diría mi madre, y hoy, un poco preocupada después de leer y leer en internet, he llamado a Candela, su veterinaria, y me ha dicho: "traela". Y allí nos hemos presentado. Nada más entrar Coco se ha echado a temblar, pero le pasa siempre en la clínica de Cande, no debe de tener buenos recuerdos. La ha toqueteado, le ha puesto el termómetro -y ha comprobado que tenía fiebre-, le ha hecho una placa -por si se hubiera tragado algo raro-, le ha pinchado algo y finalmente me ha dicho que tenía una gastroenteritis, vírica o bacteriana, y me ha recetado todo esto:
Flagyl suspensión
, 0,75 ml cada 24 horas durante 10 días;
Sulfametoxazol
135 mg, 1/4 cada 12 horas durante 10 días;
y Arderal 75 mg, 1/2 cada 12 horas durante 3 días.
Ah, y además me ha dado dos latas de comida Prescription Diet 1/D, que ¡le enloquece! Nada más abrir la lata ya se pone en tensión, gimotea y salta intentando llegar a la encimera de la cocina. Se la pongo en su platito y la devora, y luego pasa la lengua una y otra vez, una y otra, y otra más.
No me extraña que le pasen estas cosas porque cada vez que salimos a la calle tengo que estar pendiente de todo lo que comistrajea, me siento policía diciéndole siempre "¡no!": el otro día en un descuido me la encontré lamiendo un escupitajo, sí, ¡ajjj, qué ascazo, un escupitajo!

martes, 16 de noviembre de 2010

LUCAS

Lucas es el westie de María Silveyro y Jesús Robles, los dueños de la librería "8ymedio", a los que ultimamente veo bastante ya que hablamos de un proyecto en común y aunque Coco no le conoce aún cualquier día pasearán juntos, seguro. Aquí está sentado como un rey en un sillón que está colocado tras el escaparate. El otro día mientras le hacía esta foto unas señoras le miraban a través del cristal intrigadas y muertas de risa porque no sabían si era una estatua o un perro de verdad. Puede presumir, y presumen sus dueños, de que le ha fotografiado nada menos que Bruce Weber y las fotos se publicaron en un número de Vogue. Me encanta lo tranquilo que es Lucas; Lola Garrido diría de él que es filósofo, desde luego lo parece. El verano pasado estuvo a dieta, me lo contó María, para poder viajar en avión a Mallorca, donde tienen una casa. Me enteré de muchas cosas; por ejemplo, que viajan con él en el asiento, dentro de una bolsa especial y que sólo lo hacen los perros que pesan menos de 8 kilos. Lucas se había pasado un poco y le pusieron a régimen para poder ir con ellos. También me contó que en cada vuelo sólo se permiten dos perros en cabina. Vaya, información útil por si tengo que viajar con Coco. Según el facebook de su dueño Lucas anda in love con una perrita del parque que se llama Canela, aunque cada vez que hemos coincidido ellos, Ajo y yo les he oído decir que tenían que emparejar a Lucas con Musa, la perrina de la micropoetisa. Bueno, ya tiene donde elegir, pero a mi me parece que Lucas vive tan cómodo y feliz que va a seguir ahí sentado pensando en sus cosas durante mucho tiempo.