viernes, 7 de enero de 2011
¡BUENA SUERTE!
jueves, 16 de diciembre de 2010
LA CARITA DE COCO
En mala hora hablé de manías. Coco empezó a partir de entonces con una tremenda; si me dejo por la noche la puerta del cuarto de invitados abierta descubro por la mañana que encima del edredón blanco e impoluto me ha dejado un regalito (en realidad quiero decir que se caga, pero me preocupa la reacción de Chusa al leer esto). Una alegría, vamos. Todo esto empezó a raíz de estar pachucha. He reaccionado de todas las maneras posibles: enfadada, gritándole que no, llevándola de la oreja hasta la arena de abajo, castigándola sin mirarla... hasta que he optado por cerrar ese cuarto a cal y canto. Pero en realidad creo que esto no es mas que no querer ver lo que pasa. Me he convencido a mi misma de que Coco es taaaan buena que no acepto que tenga esta manía, que debería hacer caso de lo que escribí el otro día e intentar averiguar lo que le pasa y lo que me pasa. Quizás yo no sea tan buena ama y esté haciendo algo mal con ella.Una de las mayores sorpresas que tengo continuamente en mi relación con Coco es su inexpresividad facial. Sí salta de alegría, mueve su rabito, tuerce la cabecita cuando le hablo, se agacha cuando la regaño... pero su carita, sus ojos y boca, están siempre igual. Y sólo en ese momento es cuando soy consciente de que es una perra. Aún así a veces la miro y remiro intentando averiguar si está triste o sonríe. Vaya usted a saber si mi problema con Coco es precisamente ese, que la trato como a una persona, y de ahí viene todo el lío.
Yo, de momento, me voy a poner en manos de Jorge Pineda, que es quien más sabe de rostros, para que, mirándome él, me ayude a mirarme a mí misma y ver. Voy a conocer en primera persona su método Zen Visage, algo así como el rejuvenecimiento facial sin cirugía, para después poder promocionarlo, porque creo mucho en este sistema, en este hombre y en su madre. Estoy segura de que ella le está cuidando desde allá donde estén las personas que se mueren y estoy absolutamente convencida de que, con su ayuda, va a ser un éxito. Jorge ha desarrollado este sistema a partir de sus propias experiencias en yoga y otras disciplinas orientales y las enseñanzas de su madre como esteticien, que a su vez lo aprendió todo de una maestra japonesa. Yo no la conocí nunca pero siempre estuvo muy presente en la vida de Jorge, incluso ya fallecida. Recuerdo que Javier Esteban me contó que cuando visitaba a Jorge en su casa de Pozuelo, a donde a veces también iba mi primo Polo -yo sólo estuve una vez allí-, presidiendo la habitación había un gran jarrón con las cenizas de su madre. Javier le insistía en que debía sacarla de allí y buscarle algún lugar bonito. Y le convenció. Un día quedaron y Javier fue a buscarle con el coche. Viajaron hasta un monte cercano, y debajo de un maravilloso arbol enterraron sus cenizas. Después Javier le acercó a su casa y se marchó para el aeropuerto, porque volvían de Venecia Nicoletta y las niñas. Y de camino empezó a oir un ruido extraño, clonc, clonc, clonc, cada vez que aceleraba o frenaba. Iba con prisa así que hasta no llegó y aparcó no empezó a buscar el origen del ruido tan molesto. Y lo encontró. Allí estaba la urna que Jorge, con las prisas y el despiste que siempre tiene, había olvidado. Vacía, claro. Pero allí estaba. Y Javier a punto de recoger a su mujer y a sus hijas no sabía qué hacer. Finalmente se acercó a una papelera y la metió como pudo. Pero como siempre nos vigilan, en cuanto él se ajeló de allí se acercaron dos policías, con perro y todo, a ver qué había dejado. "¿Qué hiciste?", le pregunté ansiosa. "Nada, eché a andar sin mirar para atrás, que me llamen si es que he hecho algo mal", me contestó él. Claro, ¿qué hay de malo en eso? Bueno, no se qué diría Jorge. Es mejor que no sepa dónde terminó la urna de su madre.
lunes, 6 de diciembre de 2010
COCO Y SUS MANÍAS
miércoles, 1 de diciembre de 2010
DE PERROS QUE SABEN VOLVER A CASA
¿Pero cómo es posible que un perro pueda volver a un lugar que está a mas de 50 kilómetros sin haber hecho el camino previamente mas que una sola vez y no andando por cierto? Desde hace muchos años se hacen experimentos para intentar averiguar qué es lo que les hace volver; no parece que sea el olfato, ya que por lo general se encuentran en algún lugar desconocido y no saben la ruta de vuelta. Muchos científicos coinciden en que podría ser el sentido de la orientación, pero no deja de ser sorprendente cada vez que se da algún caso. Lo lógico es que un perro tenga un radio de acción -más grande en el caso de los machos que en el de las hembras-, que es donde transcurre su vida, y cuyo diámetro sería una imaginaria banda elástica (de bandas elásticas también saben las personas y si no que se lo pregunten a Fernando, a María José y a Pedro, ¡cuánto nos reímos cada vez que planeamos algo más allá de los límites del barrio de Argüelles, qué pereza les da!). Este diámetro es elástico porque puede ir creciendo a medida que va conociendo más territorio y ampliando ese área. El radio de acción de Coco es el que hemos hecho juntas con nuestros paseos. Conoce el camino perfectamente y sabe cuándo estamos de vuelta, de hecho ella va por delante dirigiéndome. O eso quiero creer. En algunos de los parques por los que pasamos la suelto y aunque se para aquí y allá a olisquear y yo me adelanto bastante siempre se mantiene a una distancia prudencial y vuelve hasta mí con una carrerita, el pelo al viento y carita de velocidad. A veces, con pánico, imagino que se me despista, que se pierde, que anda y anda por mil sitios sin encontrar el camino de casa, ¡qué angustia!
Otro cantar son los perros que intuyen que sus amos están volviendo a casa. Son historias bastante increíbles, pero que ocurren, y que se cuentan en el libro de Ruphert Sheldrake titulado De perros que saben que sus amos estan camino de casa y otras facultades inexplicadas de los animales. Yo no se si Coco sabe cuándo volvemos. Sí se que en cuanto abro la puerta oigo sus uñitas golpeteando en el suelo y se lanza escaleras abajo (siempre está arriba cuando llego a casa, supongo que durmiendo en su cunita) a recibirme. El otro día Esteban me propuso colocar una cámara y grabar lo que hace la perra cuando se queda sola, pero yo no se si esto es invadir su intimidad...
viernes, 19 de noviembre de 2010
CRÍTICAS PARA MEJORAR
Coco está como asustada en esta foto que le hizo Ignacio con su iphone. Pero no, simplemente está pensando, igual que yo, en las críticas que hemos recibido a propósito de la última entrada: "Pachucha". Me dice Chusa que ya sólo falta que hable de que se tira un pedo. Y tiene razón. Vivimos tan encerradas en nuestro mundo que he llegado a creer que lo que a mi me preocupa, la consistencia de la caca de Coco, es un tema que puede interesar a los demás. Y rodeada de buenos amigos a los que les guían las mejores intenciones, que quizá se sienten obligados a comentar mi blog mas por cariño que por propio interés, me he creído que era un tema trascendental en nuestras vidas. Hasta que ha llegado el abogado del diablo para abrirme los ojos. ¡Y qué importante es! Un tipo muy interesante que se llamaba Irving L. Janis (1918-1990) y que estudió a fondo los equipos de trabajo y los peligros de la toma de decisiones en grupo profundizó sobre la figura del abogado del diablo, imprescindible en cualquier grupo que aspire a trabajar con éxito, cuya misión es la de criticar las propuestas y decisiones de sus miembros y en especial las del líder. John F. Kennedy, que era un tipo bastante listo, se guiaba por estos consejos y los puso en práctica nombrando a su hermano Robert su particular abogado. El papel es difícil, porque se trata de cuestionarlo todo y evidentemente supone un desgaste muy grande. Sólo puede hacerlo alguien con mucha fortaleza para alguien con mucha sabiduría. Dicen por ahí que Zapatero le pidió a un primo suyo de León que hiciera este papel ("ah, qué bien", dije cuando me lo contaron), pero que pasado un tiempo se hartó y dejó de cogerle el teléfono ("ah, ya me parecía", lamenté). A mi, por ejemplo, me gusta mucho pensar que una seguidora tan fiel y exigente como es Chusa desea mucho más de este blog que el simple dato de si Coco ha hecho caca o no; me gusta sentir esta presión, me obliga a pensar mucho más las entradas, investigar y contar cosas porque nada me estimula más que aprender y enseñar. Coco y yo agradecemos profundamente esta crítica constructiva porque tenemos ganas de dar lo mejor de nosotras mismas. Esperamos no defraudar.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
PACHUCHA
Flagyl suspensión, 0,75 ml cada 24 horas durante 10 días;
Sulfametoxazol 135 mg, 1/4 cada 12 horas durante 10 días;
y Arderal 75 mg, 1/2 cada 12 horas durante 3 días.
Ah, y además me ha dado dos latas de comida Prescription Diet 1/D, que ¡le enloquece! Nada más abrir la lata ya se pone en tensión, gimotea y salta intentando llegar a la encimera de la cocina. Se la pongo en su platito y la devora, y luego pasa la lengua una y otra vez, una y otra, y otra más.
No me extraña que le pasen estas cosas porque cada vez que salimos a la calle tengo que estar pendiente de todo lo que comistrajea, me siento policía diciéndole siempre "¡no!": el otro día en un descuido me la encontré lamiendo un escupitajo, sí, ¡ajjj, qué ascazo, un escupitajo!
martes, 16 de noviembre de 2010
LUCAS
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