martes, 10 de agosto de 2010

EL "CLINC CLINC" DE COCO

Coco ya tiene su nombre escrito en una plaquita. Un regalo de Chusa, que, curiosamente, me recuerda muchísimo a ella por el clinc clinc que hace al chocar la plaquita con la anilla que lleva el arnés cada vez que se mueve.
Cuando se la puse por primera vez y escuché el sonido que hace pensé que eso era un problema. Luego me he dado cuenta de que no, porque se oye a Coco antes de que llegue, y eso es gracioso. También me sirve para saber dónde está cuando se mete por lugares raros del jardín. Pero sobre todo me recuerda a la propia Chusa y una temporada en la que llevaba dos pulseras de plata que chocaban entre sí y que hacían un ruido similar. En la clase de yoga de Ramiro Calle, a la que estuvimos yendo algo mas de un año, acompañando al principio a Vicente para ayudarle en su recuperación, y luego solas, nos solíamos poner cerca la una de la otra. Un día en clase de yoga físico las pulseras de Chusa debían sonar más alto que de costumbre porque la profesora preguntó que qué ruido era ese. Chusa y yo nos miramos de reojo y ella, suavemente, como disimulando, separó las pulseras y seguimos con los ejercicios. A partir de ese momento las clases tenían mas tensión porque cada vez que las pulseras se juntaban y volvían a sonar mi atención se iba hacia ellas, de reojo volvía a mirar a Chusa, y yo no se cómo no nos dió nunca un ataque de risa. El caso es que hace tiempo que no se las veo, digo, que no las oigo.

lunes, 9 de agosto de 2010

SOL Y COCO

Esta foto de Sol y Coco tiene un valor excepcional porque Sol es alérgica a los perros. El caso es que anoche colgó en facebook la frase "loquita por salir en el blog de mi sobrina" lo que me lleva a pensar que no debió de tener muchos síntomas y que Coco ha pasado la prueba. Me ha hecho muy feliz porque aunque Sol tenga doscientos y pico amigos en facebook no todo el mundo puede ser amigo suyo; yo me siento una privilegiada.
Ayer Coco y yo invitamos a comer a Sol, Fernando y Angelito. Sol se presentó con un hueso de cartilago de esos para morder y en cuanto Coco lo pilló salió corriendo para esconderlo entre los cojines del sofá. Sol y Fernando se conocen hace siglos y tienen a mucha gente en común. Me encantó ver en acción sus lenguas afiladas, escuchar sus comentarios irónicos, y sobre todo, las divertidas críticas a "zerilla con zeta". Echo de menos trabajar con Sol, sentir su energía y ganas de hacer cosas, divertirme escuchando sus ideas loquísimas, y tener su cariño cuando las cosas van regular. Menos mal que nos vemos de vez en cuando... Cuando Sol se fue Coco se lanzó a recuperar el hueso que había escondido. Lo sacaba de un lugar, lo llevaba a otro, lo escondía, lo buscaba. ¡Qué excitación! "Sol me la ha revolucionado", pensé preocupada. Finalmente empezó a morderlo con ganas y así se pasó el resto del día. "Ah, no, qué astuta" caí en la cuenta después, "pensaré en ella mientras le dure el hueso a Coco". Y es grandísimo.

sábado, 7 de agosto de 2010

UN DÍA EN ALL4PETS

Ayer llevé a Coco a su veterinaria, Candela. Había que hacerle el preoperatorio para la castración y, de paso, retocar el pelo. ¡Ay, qué experiencia! Candela me sugirió que la dejara allí y la recogiera por la tarde. En un primer momento no supe muy bien qué hacer con mi vida; estar sin Coco me abría infinitas posibilidades, pero a la vez me sentía un poco perdida. Opté por ir de compras, lo se, muy poco original, pero muy práctico.
Un par de horas después me llamó la peluquera para decirme que Coco tenía tantos nudos que irremediablemente había que pelarla. ¡Qué horror!, pensé. Y me acordé de Lola, que quería tanto a Lunita, la bichón maltés de Aurora, hasta que la raparon. En ese momento se dió cuenta de que en realidad ella quería a una bola de pelo blanco y esponjoso y que en cuanto la dejaron en cueros perdió su encanto. Así que, muy ansiosa, me presenté a las 5 en All4Pets. Y mientras yo jugaba con un par de perros grandotes y buenazos que Candela tenía por la tienda llegó Coco corriendo por el pasillo. Al principio ella no me vió y me pareció muy curioso observar a mi perra sin que ella supiera que yo estaba allí; era verla en un mundo nuevo, con otros perros, en otro lugar. Pero cuando oyó mi voz me buscó con la vista y me saltó encima. Tengo que confesar que al verla me dió taquicardia. ¡Mi perrita parecía mas ratita que nunca! Y además de repente era gris. Dios mío, pensé, ¿seré capaz de seguir queriéndola? Pues claro; en cuanto la tuve en brazos y comprobé que ahora es más pequeña, más vulnerable, hasta más blandita.

viernes, 6 de agosto de 2010

ESTEBAN Y COCO

Coco es un maravilloso regalo de Esteban. Cuando me llamó para decirme que ya teníamos perrita entré en pánico porque yo nunca había tenido antes un animal en casa (excepto los hamsters de Ignacio hace ya muchos años), pero él sí, y eso me tranquilizó y animó. Criarla y educarla está siendo toda una aventura. Con todo lo que eso significa para una pareja; es decir, del mundo de dos se pasa al mundo de tres. Exactamente igual que con un hijo. Coco, Esteban y yo somos una familia.
Desde el primer día yo me he ocupado más de su comida, limpieza, rutina, y educación. Me compro libros, los leo, le cuento a Esteban las cosas que me parecen importantes. El en cambio le dedica tiempo a jugar, revolcarla como una croqueta (él la llama Croquet), mimarla, y a veces, mas de las que yo quisiera, excitarla con tanto salto, mordisco, jadeo y ladrido. Las primeras noches fueron horribles; decidimos que dormiría en la cocina y desde que cerrábamos la puerta se ponía a llorar desconsoladamente. Es la única vez que he visto perder los nervios a Esteban; un par de noches bajó a por ella y la encerró en el sótano incapaz de seguir escuchando sus gritos. Lo que son las cosas, a Coco no le gusta mucho bajar por allí. Aguantamos el tirón más o menos, pero en una de esas yo me fui de viaje y la perra se escapó al dormitorio; eso fue al menos lo que me contó Esteban a la vuelta. Desde entonces duerme en nuestro cuarto a los pies de nuestra cama, prefiere el suelo a su cunita, y, eso sí, en silencio sepulcral.

jueves, 5 de agosto de 2010

COCO EN EL PATIO

Coco ya tiene sus rincones preferidos en el patio. Se tira debajo de la mesa, a la sombra y con algo de fresquito, mientras yo me siento a leer o trajino con las plantas. Cuando era mas pequeña exploraba los rincones, metía el hocico por aquí y por allá y hasta eligió un par de sitios para hacer caca y pis, que por supuesto ya no utiliza. Ahora, cuando le da por ser guardiana se coloca cerca de la puerta que da al jardín o en la puerta de casa que da al patio. Allí se sienta y vigila. Cuando pasa alguien suelta un ronquido bajito y de vez en cuando ladra. Ya casi no, porque empieza a conocer los pasos de los vecinos, sabe los que van a la piscina, y reconoce los ruidos, siempre molestos, para qué nos vamos a engañar, de los de al lado: la persiana que sube, raaaaas, la persiana que baja, raaaaas, (siempre me he preguntado por qué cierran a cal y canto la casa cuando se van a dormir y en cambio suben las persianas cuando se van a trabajar).
Estos días hemos tenido visitas profesionales. Antes de ayer los cerrajeros para arreglar la puerta del jardín, a los que recibió con bastante alegría. Miraba y remiraba con nosotros, por dentro, por fuera; una de las veces que nosotros estabamos dentro y ella fuera los propios cerrajeros, muertos de risa, tuvieron que decirle que pasara, que queríamos probar si cerraba. Y entró, claro. Ayer vinieron los que trajeron un nuevo frigorífico y quedaron encantados con ella. Vigiló cómo sacaban el viejo, cómo metían el nuevo, y luego, en la puerta estuvo mirándoles hasta que recogieron todo y se subieron al camión. Uno de ellos se despidió de ella: "adios Coco". Y, tan contenta, se dió la vuelta y se metió en casa.

miércoles, 4 de agosto de 2010

SOCIALIZANDO

Jara es la perrita de Abraham, Isabel, Lola y Celia; es la de la derecha y aunque ha salido un poco acobardada es una falsa impresión (yo creo que el pelo de las orejas le pesa demasiado) porque en realidad ella era la dueña de la casa en Rodalquilar y tenía más amos que Coco, que al fin y al cabo sólo somos Esteban y yo.
Nada más llegar decidimos ir a comer fuera y el plan era que las perras se quedaban solas en casa, "para que se hicieran amigas". Yo no se cómo se las arreglaron mientras estuvimos por ahí pero el caso es que cuando volvimos Coco estaba acurrucada al lado de nuestras bolsas de ropa y Jara campaba a su aire. Amigas, amigas, lo que se dice amigas, yo creo que no lo son. Se miran, se huelen, juguetean algo (sobre todo lo pide Coco que es más jovencilla, tres meses menor) y conviven con tranquilidad. Otro cantar son los perros de la calle y el parque. Todos los días salgo con Coco para dar su paseo. Varios son los objetivos; hacer ejercicio (yo mas que ella), conocer el barrio en el que vive (ella mas que yo), y socializar (sólo ella, porque a mi me espanta). En cuanto divisamos algún perro en el horizonte ya estamos en tensión. Luego viene la fase de acercamiento, que yo facilito consciente de que, como "madre", debo hacer de introductora de amiguitos, el olisqueo, y, finalmente, el interés o la indiferencia. A veces acuden varios perros al tiempo y Coco entra en pánico con algunos, da vueltas a mi alrededor, grita bajito (no ladra, yo creo que no tiene ni fuerzas) y me pide brazos. No me parece mal. Porque a mi tampoco me gusta nada eso de tener que hacer amigos por hacerlos; creo que no hay ninguna necesidad.

martes, 3 de agosto de 2010

LAS VACACIONES DE COCO



Estas han sido las primeras vacaciones de Coco. Viaje de 6 horas en coche, cambio de casa, sitio nuevo para hacer caca y pis, para comer, diferentes horarios... y mucha gente alrededor. Continuamente, mayores y pequeños. Yo creo que ha vuelto mas delgada y desde luego más sucia, de hecho ha traido consigo una pandilla de pulgas que ya he conseguido eliminar.
Las vacaciones provocan crisis de pareja, dicen, y el mio no ha sido un caso diferente. Yo me he pasado todos los días intentando que el cambio de ambiente no le resultara a Coco muy traumático, procurando hacer todo poco a poco, buscándole rincones confortables, paseándola todas las mañanas y las noches por muy tarde que fuera; Esteban es de los que prefiere tirarla al mar (¡Dios mío!, a una perrita urbana), rebozarla en arena, y decir que la deje ser "feliz". ¡¿Feliz mojada, temblando, con arena hasta en los ojos, nudos en el pelo y pulgas?! Tengo mis dudas y la prueba es que al entrar por la puerta de casa daba saltos de alegría, fue corriendo hasta su rincón, hasta sus juguetes, al patio, subió y bajó las escaleras varias veces, recorrió cada esquina, y, no me lo invento, la oí suspirar. A mi me pasó exactamente lo mismo.